Sara estaba atónita. Solo podía ver a su asistenta sujetando el cabello largo de Wendy con una mano y el de Iris con la otra, luchando contra las dos, presionándolas bajo su cuerpo y arañándolas sin piedad.
Iris y Wendy querían resistirse, pero bajo la violenta represión de la asistenta no tenían forma de defenderse.
Pronto sus rostros quedaron marcados, y su arrogancia inicial desapareció. Comenzaron a suplicar clemencia.
—¡Ay, ya no me pegues!
—¡No me jales el cabello!
—¡No me rasguñes la cara