Daniela sonrió.
—Ronaldo, llegaste justo a tiempo. Aquí está el menú, ¡pidamos!
Daniela le pasó el menú a Ronaldo.
Ronaldo lo tomó en sus manos y abrió el menú.
—Daniela, recuerdo que cuando eras pequeña te gustaban las costillas.
En ese momento Nicolás ya había terminado su llamada y regresó hasta la puerta del salón privado.
Como la puerta no estaba cerrada, Nicolás escuchó la voz de Ronaldo hablando con Daniela sobre cosas de la infancia.
Nicolás retiró su mano de la manija de la puerta, no se apuró por entrar, sino que se quedó parado en la entrada. Quería escuchar de qué hablaban Daniela y Ronaldo.
Daniela asintió.
—Ronaldo, no es que me gustaran las costillas cuando era pequeña, ¡también me encantan ahora! Es raro que todavía recuerdes mis gustos de cuando era niña.
Ronaldo sonrió con calidez.
—¡Por supuesto que me acuerdo! Aunque en esa época tú andabas muy cerca de Mauro, y además las dos familias habían arreglado el compromiso.
Daniela no quería mencionar a esa persona llamada