Daniela dijo que lo amaba mucho. Afuera de la puerta, Nicolás curvó ligeramente sus labios delgados y sonrió. Él lo sabía, siempre lo había sabido.
Ronaldo estaba sorprendido. Esta noche había querido confesarse, si las dos familias pudieran unirse en matrimonio sería algo maravilloso, pero ahora parecía que Daniela ya tenía dueño desde hacía tiempo.
Daniela puso su mano sobre su vientre, sus delicados ojos y cejas se llenaron de la ternura maternal.
—Ronaldo, estoy embarazada. El bebé de Nicolá