Nicolás estacionó su auto de lujo, valorado en millones de dólares, frente a la entrada de la Universidad Nacional. Ese día llevaba el clásico atuendo de un presidente ejecutivo: traje negro con camisa blanca. Con ese aire apuesto y elegante, no tardó en llamar la atención de todos.
En seguida, varias estudiantes jóvenes y atractivas comenzaron a mirarlo, intercambiando miradas coquetas y con el corazón acelerado.
Nicolás no les prestó atención. A fin de cuentas, ese tipo de miradas no le eran n