Nicolás se sintió resignado. En realidad quería preguntarle sobre ese Ronaldo, pero no quería afectar el ánimo de Daniela, así que no preguntó.
Nicolás la abrazó:
—¿Tienes hambre?
Daniela asintió:
—Sí, tengo hambre.
—Entonces voy a cocinar —dijo Nicolás.
Nicolás se levantó de la cama.
—¿Por qué no le pedimos a la empleada que cocine? ¿Ya no tienes que trabajar? —preguntó Daniela.
—De ahora en adelante voy a cocinar yo mismo. ¿Acaso no te gusta mi comida? —respondió Nicolás.
Nicolás cocinaba espe