Marcos leyó el email tres veces.
La primera rápido, como leía los informes financieros, buscando el dato central.
Lo encontró en el segundo párrafo.
La segunda vez despacio, línea por línea, con esa atención total suya que no dejaba escapar nada.
La tercera vez sin darse cuenta de que lo estaba leyendo por tercera vez.
Cuando levantó los ojos de la pantalla, Barcelona seguía ahí fuera y el reloj marcaba las doce menos diez y Marcos Reyes llevaba cuatro años siendo el hombre más controlado