Dos años después.
El Proyecto Arco abrió sus puertas un viernes de marzo.
Barcelona amaneció con ese sol limpio de primavera que la ciudad regalaba cuando quería recordarle a sus habitantes por qué la habían elegido. El frente marítimo brillaba con una luz que Sara reconoció inmediatamente — la misma del atardecer del paseo, la misma que había intentado traducir en una paleta cromática durante semanas de insomnio creativo y que ahora, sobre los tres edificios reales y sólidos y completamente