Mundo ficciónIniciar sesiónLos agentes judiciales se acercaron a la mesa de los Lockwood, Iván se interpuso, con los ojos inyectados en sangre, los músculos de su cuello se tensaron como cables de acero.
— ¡Nadie toca a mi hija! — bramó Iván. Su voz no era la del banquero refinado, era el rugido de un animal al que le arrancan el corazón.
— Iván, por favor, no lo hagas peor — suplicó Alma, agarrándolo del brazo, aunque e







