Alma sintió un tirón violento en el brazo que la obligó a girar sobre sus talones. Antes de que pudiera gritar, una mano grande y firme cubrió su boca con suavidad, pero con determinación, la fuerza del movimiento la arrastró hacia el interior de un salón de música que permanecía en penumbras y la puerta se cerró detrás de ellos con un clic casi imperceptible.
Alma se zafó del agarre, con el corazón martilleando contra sus costillas, lista para enfrentar a su agresor, al ver la silueta alta de