La mañana siguiente al primer día de convivencia real en la suite principal comenzó con una calma engañosa, una de esas que en Miami suelen preceder a los huracanes más devastadores.
Alma se despertó antes de que la primera luz del sol lograra filtrarse por las pesadas cortinas de terciopelo, se encontró atrapada en una posición que le cortó el aliento, Iván, el hombre que el mundo conocía como un bloque de hielo inexpugnable, la mantenía sujeta contra su pecho con una firmeza posesiva.
Ya no p