Mundo ficciónIniciar sesiónLa penumbra del sótano en el puerto de Miami era un contraste violento con la luminosidad agresiva de las oficinas de Brickell.
Henry Daniels, o lo que quedaba de él bajo las vendas que cubrían gran parte de su torso y el lado izquierdo de su rostro, permanecía sentado frente a una hilera de monitores cuya luz azulada era la única guía en ese antro de hormigón.
El olor a antiséptico y a cable quemado se mezclaba con el arom







