Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio en el despacho de Henry Daniels no era un silencio de paz, sino de asfixia.
La fotografía del niño, impresa en una alta resolución que permitía ver hasta el brillo rebelde en sus pupilas, pasaba de mano en mano como si quemara la piel.
Para Iván, mirar esa imagen era como asomarse a un espejo del pasado, uno que le devolvía su propia infancia con una exactitud que le erizaba el vello de la nuca, no había lugar para la







