—Para la próxima, invéntate un pretexto menos estúpido.
Julian colgó.
El tono de la línea muerta retumbó en mi oído y la habitación volvió a sumirse en silencio.
La ironía era que, cuando por fin reuní el valor para decirle la verdad, Julian ya no me creía.
Quizá porque sintió que, por una vez, lo había desafiado, su estilo de juego en la siguiente partida cambió radicalmente.
Pasó de su habitual estrategia metódica a una mucho más agresiva. Pero, a su favor, cada uno de sus movimientos fue rápi