Mi salud se estaba deteriorando. Pero tenía que terminar los ositos de peluche para los niños en la sala de oncología. Le pedí al doctor Martínez que pospusiera la eutanasia.
—Solo dame una semana más.
El doctor arrugó la frente al revisar mis resultados.
—Tu cuerpo ya no resiste mucho más de esto.
Mi mano, con la aguja y el hilo, temblaba.
—Les hice una promesa a esos niños.
—Pero...
—Ya sé. Mientras más espere, más doloroso será.
Lo interrumpí.
—No puedo romper mi promesa.
Estos ositos de pelu