Maximilian Voss.
El aire se me atascó en los pulmones y una oleada de calor violento me subió por el cuello. Ella estaba inclinada sutilmente hacia el hijo del inversionista principal, un tipo joven que parecía ser contemporáneo con ella y que manejaba parte de la ingeniería del proyecto. Estaban hablando en voz baja, con las cabezas peligrosamente juntas, manteniendo un tono de confidencia para que solamente ellos dos pudieran escucharse en medio del murmullo del restaurante. Eso me molestó