El cielo sobre los Cayos de Florida parecía haberse puesto de acuerdo con la tragedia. Lo que comenzó como un amanecer púrpura se había transformado en un gris plomizo y sofocante mientras el yate The Miller Pride atracaba en la marina de Marathon.
— Solo un poco más, Helena — gritó Alex, mirándola por el retrovisor. Sus ojos intentaban transmitir una calma que sus manos, apretadas al volante, desmentían.
Helena asintió, pero el terror era una criatura viva que le arañaba el estómago. Miró por