Durante catorce días, el tiempo pareció detenerse entre las paredes recubiertas de pan de oro, marcando su paso únicamente por el goteo de las soluciones vitamínicas y el cambio de las flores frescas que aparecían cada mañana.
Helena, postrada en la inmensa cama, sentía que el aire mismo estaba viciado por la vigilancia. No era solo el reposo físico lo que la consumía, era el asedio invisible de tres hombres que orbitaban a su alrededor como planetas alrededor de un sol a punto de colapsar.
Ale