El tiempo corría como dinamita encendida. Dos horas y cuarenta minutos separaban a Helena de la orden de "disparar a matar", pero en lugar de huir de Florida, Alexander enfiló el imponente sedán blindado directo al epicentro del peligro, el cuartel general de alta seguridad del FBI en el centro de Miami.
El edificio estaba rodeado por un perímetro de patrullas y agentes tácticos.
Las luces led de las torres de control titilaban contra el cielo gris, dándole al coloso gubernamental el aspecto de