El silencio que se apoderó de la sala de conferencias de la Fiscalía Federal fue espeso, casi asfixiante.
El cuerpo de Magnus Miller se sacudió una última vez antes de desplomarse pesadamente contra el suelo de mármol.
El impacto resonó como el fin de una era.
Aquel hombre que minutos antes se erguía como un titán intocable, un depredador corporativo capaz de mover los hilos de la justicia a su antojo, ahora yacía reducido a una masa trémula e impotente.
Helena dio un paso involuntario hacia at