El aire en la mansión Miller se había vuelto irrespirable desde que Magnus anunció la contratación de Daniel Morgan.
Para Helena, cada sombra que se proyectaba en los pasillos de mármol ahora tenía el rostro del hombre que podía hacer que todo su sacrificio se fuera por el caño.
Había pasado el día como un fantasma, encerrada en su alcoba, lidiando con un malestar de cuerpo que no sabía si atribuir a la caída por las escaleras o a la tormenta que significaba estar embarazada de Alex mientras su