La luz del mediodía se filtraba por los inmensos ventanales del comedor principal de la mansión Miller, pero para Helena, el ambiente estaba cargado de una frialdad que ningún sol de Miami podría mitigar.
El mármol del suelo parecía exudar el mismo hielo que corría por las venas de Magnus. Aquel almuerzo no era una reunión social; era una transacción de poder, y Helena era el activo más valioso puesto sobre la mesa.
Comenzaba a entender cómo era la vida de los ricos, ir de fiesta en fiesta, de