La opulencia de la mansión Miller siempre había resultado asfixiante para Helena, pero esa tarde, el silencio de los pasillos cargados de arte europeo y mármol italiano se sentía como el preludio de una ejecución.
Magnus se había marchado a una reunión de emergencia en Brickell, o al menos eso era lo que todos creían. La casa, en teoría, estaba en una calma tensa, rota solo por el taconeo rítmico de Brooke, que parecía acechar cada movimiento de Helena como un depredador que ha olido sangre en