Mundo ficciónIniciar sesiónEl tintineo de las llaves cesó de golpe. Del otro lado de la mirilla de la celda 12, el rostro demacrado del doctor de guardia apareció recortado por la luz cenicienta del pasillo.
Tenía los ojos desorbitados, la corbata torcida y un hilo de sudor frío corriéndole por las sienes. No venía acompañado por la enfermera jefe ni por la escolta habitual de la prisión de Broward.
Estaba solo, y sus manos temblaban tanto que err&oa







