Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido de los motores de la lancha interceptora sepultó el silbido del viento. Alexander saltó a los mandos sin mirar atrás, con los ojos fijos en el horizonte negro donde el oleaje picado de la bahía de Biscayne chocaba contra los pilotes del muelle.
La lluvia le golpeaba el rostro como agujas de hielo, pero no parpadeó. Su mano derecha empujó las palancas a fondo, provocando que la proa de aluminio se elevara violentamente sobre el agua re







