La primera semana en el ala de convalecencia del sótano de Broward se midió en el goteo constante de la tubería del pasillo y en el roce de las bandejas de plástico deslizándose por la ranura inferior de la puerta de acero.
El tiempo, despojado de relojes y de luz natural directa, se convirtió en una masa densa y sofocante que Helena y Brooke debían moldear minuto a minuto para no perder la cordura.
El encierro compartido había erradicado los últimos vestigios de la antigua jerarquía de Star Is