El destello verdoso de la pantalla era la única luz que competía con las sombras del taller abandonado en los muelles.
Afuera, la brisa marina arrastraba el olor a salitre y brea, adentro, Alexander batallaba contra los espectros de su propia mente mientras el algoritmo de Onyx Holdings devoraba, las líneas de crédito secundarias de la constructora de los Miller en Nueva York.
Mateo dormitaba en un rincón sobre un catre de lona, con los brazos cruzados y un ojo medio abierto, manteniendo el ins