Mundo ficciónIniciar sesiónEl crujido metálico de la persiana desvencijada era el único metrónomo en aquella tumba de grasa y hierro.
El taller mecánico abandonado, incrustado en el sector más inhóspito de los viejos muelles, olía a gasóleo, a humedad salobre y a derrotas acumuladas.
Apenas un hilo de luz plomiza se filtraba por las rendijas del techo de zinc, recortando la silueta de Alexander Miller sobre una mesa de madera carcomida que serv&iacut







