Hunter se queda conmigo el resto del día para prepararme, así que, por hoy, no tengo que hacer ninguna tarea en específico.
Me ha explicado ya varias veces lo que se supone que tengo que hacer, pero mi mente divaga muy lejos de ahí, pensando cómo es que terminé así, casada con un hombre lobo que me trata como si fuera una especie de juguete que usa a su antojo como mejor le convenga.
—¿Zara? ¿Entendiste? —me pregunta.
—Ah… creo que… ¿me lo repites, por favor?
Hunter suspira y niega con la cabez