El sol dando de lleno en mi cara me despierta. Me levanto de golpe pensando que estoy en la habitación que me había dado Jenna, pero no. Todavía sigo en el cuarto donde Damon me encerró anoche.
Al final no me hizo nada más, pero no fue necesario, con ese beso y esas caricias fue más que suficiente para enterrar el dedo en la herida abierta de mi corazón.
Estoy poniéndome de pie cuando de pronto lo veo entrar de nuevo.
—Al fin despiertas —dice con evidente fastidio.
—¿Qué es lo que quieres de mí