Capítulo 60
Alexander dio un paso al frente, tragando saliva, sintiendo un nudo en la garganta.
— Porque tú… sólo puedes ser mi hijo perdido —respondió con la voz quebrada, los ojos humedecidos, por finalmente haberlo encontrado.
Isadora se llevó la mano a la boca, emocionada, el pecho apretado por un amor que atravesaba el tiempo.
— Eres nuestro primogénito —completó ella, con lágrimas cayendo silenciosamente.
Los tres se miraron fijamente un largo momento.
Pero antes de que pudieran acercarse