Capítulo 38
Ethan bajó las escaleras, con la bata entreabierta, el cabello desordenado y los ojos aún llenos de legañas. Arrastraba las chancletas como si cada paso fuera un esfuerzo hercúleo.
Entró al comedor y murmuró con voz ronca y aburrida:
— Buenos días…
Alexander alzó los ojos de la tableta, observando a su hijo por encima de las lentes de sus gafas de lectura. Doña Aurora y Gerald intercambiaron una mirada silenciosa y, seguidamente, respondieron con un breve "buenos días", aún sorprend