Capítulo 30
Tres horas después, Gerald estaba al lado de su hijo en la habitación. Las enfermeras entraban en silencio a verificar el suero y las medicaciones, evitando interrumpir el momento entre padre e hijo.
Sentado en el sillón cerca de la cama, Gerald se pasó las manos por el cabello grisáceo y sintió, una vez más, las lágrimas arder en sus ojos. Aun con Alexander fuera de peligro, el dolor persistía en su pecho, por él, y también por Aurora. Sabía que no podría ocultar esa noticia por mu