Parpadeo cuando veo la hora y son ya las seis y media, dirijo mi mirada al ventanal notando la oscuridad de la que hasta ahora no me había percatado ¿En qué momento anocheció? Afuera, la ciudad ya se tiñe de luces artificiales, y adentro solo queda el suave zumbido del aire acondicionado.
Edward sigue en su escritorio, concentrado, con la mandíbula tensa y los dedos marcando un ritmo irregular sobre la mesa.
«Es tan guapo» Su ceño se frunce dandole unaire arrogante, y su camisa se aprieta de