La dejo entrar primero. Quiero verla moverse por la casa.
Quiero grabarme cada una de sus reacciones mientras asimila que este será el lugar que comparta conmigo mientras estamos en Zúrich.
Arielle camina despacio, deslizando su hermosa figura por cada rincón de la casa. Sus ojos recorren las paredes, la chimenea encendida, el ventanal que da al lago. Todo huele a madera nueva y ahora también a ella. A limpio, a recién llegado, a lo prohibido que empieza a sentirse inevitable.
Se detiene f