No sé cuánto tiempo ha pasado. Pero ni siquiera es algo que me importe. La extrañe demasiado, me hizo tanta falta como para preocuparme por él tiempo o lo que sea.
Ella está enredada en mis brazos, su respiración aún agitada, la piel cálida y húmeda contra la mía. Su perfume, ese aroma que ya identifico como hogar, flota entre las sábanas revueltas. Tengo una mano sobre su vientre, otra bajo su cuello, como si necesitara asegurarme de que aún está aquí, de que no se va a desvanecer. De que no