Narrador omnisciente
Arielle avanzó del brazo de su padre con la gracia que la ocasión exigía. El vestido la envolvía con una perfección etérea, el velo caía sobre su cabello con delicadeza, y cada paso resonaba con la solemnidad de quien camina hacia un destino inevitable. Se veía hermosa… y al mismo tiempo, resignada.
Cuando su mirada se deslizó hacia Daniel, lo encontró sonriendo. Luciendo apuesto, impecable. Pero no supo si lo hacía con genuina satisfacción o por la presión de las cámaras qu