Abro los ojos con lentitud y el mundo me recibe con una extraña calma.
Mi cabeza late con una ligera resaca, pero no lo suficiente como para que me arrepienta. Anoche valió la pena.
Me giro un poco y sonrío al ver el suelo. Dos botellas de vino vacías, un par de copas a medio terminar, y los tacones de Rossy abandonados cerca de la mesa de centro.
«Sí, definitivamente valió la pena»
Un murmullo somnoliento me hace mirar hacia el otro sofá. Rossy también está despertando, estirándose perezosament