Lía, conforme escuchaba a su amiga, abrió sus hermosos ojos hasta el límite. Giró la cabeza lentamente, como si una fuerza invisible la obligara, para mirar al hombre detrás de ella, lista para ver en su rostro alguna sonrisa burlona por las absurdas cosas que decía Chely.
Sin embargo, lo que encontró fue un gesto inexpresivo, sereno… demasiado cómodo con lo que había escuchado.
—¡El padre de mi hijo es un mafioso! —chilló Lía, llevándose ambas manos a la cabeza, enloqueciendo por completo al