―Lía, ¿eres tú? ―Chely se sintió revivir―. ¿Dónde habías estado? Todos están preocupados por ti. Has faltado al hospital. Fui a tu piso y no te vi. Hela estaba hambrienta y sucia. ¿Cómo pudiste dejarla sola tanto tiempo? ¡¿Qué está pasando?!
―¡Chely, necesito que me escuches! ―le habló con firmeza, ya que no le permitía decir media palabra―. Estoy en el hotel Paradiso…
―Señorita, cuelgue la llamada. ―Uno de los hombres entró a la habitación y corrió hacia ella.
―Ven a la suite, por favor. Ve