Capítulo 48: Amistades Peligrosas

Josué no redujo el paso hasta que el aire comenzó a dolerle en los pulmones.

No miró atrás ni dudó. Sabía exactamente cuántos segundos tenían antes de que alguien notara la ausencia.

—Por aquí —murmuró, girando de golpe entre dos vehículos estacionados.

Lía apenas tuvo tiempo de reaccionar. El tacón golpeó mal el pavimento húmedo y estuvo a punto de perder el equilibrio. Sintió un tirón brusco, firme. Josué la sostuvo por la cintura y la arrastró con él detrás de un camión de carga. El metal estaba frío contra su espalda. El corazón le latía tan fuerte que estaba segura de que cualquiera podría oírlo.

A unos metros, uno de los guardaespaldas de Lía se detuvo en seco. Giró sobre sí mismo, escaneando el entorno con el ceño fruncido, la mano cerca del arma. Sus pasos resonaron demasiado cerca.

—Mierdä… —susurró Lía, llevándose una mano instintivamente al vientre.

Josué no sonrió y no hizo ningún comentario sarcástico, solo esperó. Contuvo la respiración. Calculó cada sonido, cada movimie
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