Luka:
Me resultaba muy extraño tener que contarle cosas a Alicia que se suponía sabía de sobra, pero debía hacerlo, llenarme d paciencia, cosa de la que carezco; pero ella era merecedora de mi esfuerzo.
Creí que cuando entrara al dormitorio de nuestros hijos, algo, por más ínfimo que fuera, recordaría, pero me equivoqué. No importaba cuanto me esmerara, su memoria debía fluir naturalmente, no había nada que pudiera hacer para forzar su recuperación.
‒ Ven – le dije estirando mi mano para que la