—Pero lo tuviste en tus brazos, Alessia. Aunque haya sido solo un momento. En ese instante, fuiste su mamá. No te preocupes. Ya vendrán otros niños. El linaje de los Romano no va a terminar aquí.
Suspiró, su cara reflejaba el dolor que sentía por mí.
—Pero si le lloras a ese infeliz, te estás humillando. Te dije que no te casaras con él, pero estabas empeñada en hacer lo que querías. Hasta estabas dispuesta a romper relaciones con la familia con tal de estar a su lado.
Me asomé por debajo de las