—Eres un arrogante, un inútil, un imbécil.
Mi voz era de desprecio absoluto. Era la primera vez que le mostraba un desprecio tan obvio, y su autoridad quedó herida de muerte.
—Nunca más voy a dejar que te vayas de mi vida. Mi único objetivo hoy es llevarme a mi mujer a casa. No entiendes nada. Cuando creí que estabas muerta, casi me vuelvo loco.
—Enójate todo lo que quieras. A mí, nadie me vence.
Me cargó y me echó sobre su hombro para después caminar con decisión hacia la salida. Seguía interpr