—Ni lo sueñes, es pleno día, alguien podría vernos.
—¿No ibas a promocionar tu clínica? Espera, voy contigo.
—Ya iré a verte por la noche.
Larisa miró nerviosa a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca antes de susurrarle al oído a Faustino.
Al terminar de hablar, de repente sus mejillas se tiñeron de rojo.
—Jeje, Larisa siempre tan buena conmigo. Vamos, acompáñame al pueblo de al lado.
Había dos o tres pueblos cerca de Rosal.
El primer pueblo al que Faustino quería ir estaba