Capítulo89
—Ni lo sueñes, es pleno día, alguien podría vernos.

—¿No ibas a promocionar tu clínica? Espera, voy contigo.

—Ya iré a verte por la noche.

Larisa miró nerviosa a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca antes de susurrarle al oído a Faustino.

Al terminar de hablar, de repente sus mejillas se tiñeron de rojo.

—Jeje, Larisa siempre tan buena conmigo. Vamos, acompáñame al pueblo de al lado.

Había dos o tres pueblos cerca de Rosal.

El primer pueblo al que Faustino quería ir estaba
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