—Dime si quieres o no, si no quieres, follaré a otra—dijo Faustino pellizcando el trasero firme y suave de Larisa.
—¿Follar a otra? ¡Ni lo sueñes! ¡Solo puedes follarme a mí!—respondió Larisa sin dudarlo. Ni siquiera se daba cuenta de que ya no podía vivir sin Faustino.
—¿Qué tal si dormimos juntos ahora mismo?—dijo Faustino aprovechando la ocasión. En medio de la nada, si Faustino quería acostarse con ella, la chica no podía escapar. El contacto con su trasero ya lo tenía al borde.
—No, ahora m