—¡Huy, con tanto medicamento que trajeron, parece que el consultorio quebró!
—Sí, ese tan tacaño, ¡se lo merece!
—No les incumbe a ustedes—Faustino las ignoró y se abrió paso entre la multitud.
—¡Faustino, por acá!—Larisa estaba ahí y al verlo, agitó la mano emocionada. Parecía haber olvidado por completo que Faustino la había hecho llorar el día anterior.
La chica llevaba un vestido blanco con flores, pero su piel era más blanca que la tela. Su larga cola de caballo, que normalmente llevaba ata