—Lara, levántate rápido, ¡Larisa todavía no se ha ido muy lejos, no la dejes ver!—Faustino estaba desesperado, apartó a Lara rápidamente, se levantó y cerró la puerta. Miró a través de la rendija de la puerta la figura de Larisa alejándose a toda prisa, claramente con miedo de que Lara le preguntara algo. Probablemente no había visto nada. Faustino respiró aliviado.
—¿Y qué te crees, eh? ¡En pocos días ya has conquistado a Larisa!
Lara, un poco celosa, lo miró con reproche.
—No, no tengo nada co