Faustino estaba sentado en un pequeño banco, intentando distraerse pescando. Cuando vio a Mariana acercarse, se recompuso y le preguntó:
— ¿Seguimos pescando?
— No… ya no. ¿Por qué estás todo mojado?
Mariana preguntó con sorpresa.
— ¿Qué te parece? Todo es tu culpa.
Faustino dijo con reticencia.
— No fue mi intención, fue culpa del veneno de la serpiente. Y lo de antes, no se lo digas a nadie, haz como si no hubiera pasado…
Mariana dijo con vergüenza.
— Claro que no voy a contárselo a nadie. S