—¡De verdad no lo traje a propósito para humillarlo, jefe!
—¡Inútil! ¡Solo me causas problemas! —gritó don Luis, tan furioso que quería matar a Tadeo de una patada.
Volviéndose hacia sus hombres, ordenó:
—¡Rómpanle los brazos y las piernas a esta basura y tírenlo fuera! ¡Si vuelvo a verlo cruzar esa puerta, ustedes me responderán!
—¡Sí, jefe!
Los hombres de don Luis, viendo a su jefe furioso, ignoraron los ruegos de Tadeo. Después de una brutal golpiza, lo arrastraron fuera del casino como si es