—De acuerdo, tú revisas mi ropa y yo la tuya —dijo Faustino con mirada penetrante, notando algo extraño en la expresión de don Luis.
Se dio cuenta de que el hombre no habría aceptado tan fácilmente ser registrado sin tener un plan. Usando su visión especial, confirmó sus sospechas: don Luis ya había escondido las cartas en su mano. En cuanto Faustino le entregara su ropa, seguramente intentaría inculparlo.
Siguiéndole el juego, Faustino fingió entregarle su ropa.
—Je je, veamos quién está escond